martes, 2 de noviembre de 2010

El beso de la muerte.

A menudo ocurre, al menos a mi, que la presencia cercana de la belleza te paraliza unos instantes. El deseo de observar los detalles ya sea en un paisaje o como en este caso en una soberbia escultura, te detiene. Quizás sea una manera de interiorizar lo que te gusta de ella y así poder fotografiarla, de noche, en silencio, con toda la calma reinando y... la tensión, porque solo tienes cinco minutos, cinco largos minutos.


Visita nocturna al cementerio de Poble Nou.

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